A finales del siglo XIX, León encontró en un inmigrante inglés a uno de los personajes que más profundamente transformarían su imagen urbana: Cecil Louis Long, conocido en México como Luis Long.
Nacido en Londres en 1854, quedó huérfano siendo niño y, a los catorce años, viajó a Suiza para estudiar relojería. Su formación técnica sería fundamental para el desarrollo de una personalidad marcada por la precisión, la mecánica y el interés científico. Después de trabajar en la Ciudad de México, llegó a León en 1877, ciudad en la que permanecería hasta su muerte.
Aunque no tuvo una formación académica como arquitecto, Long desarrolló de manera autodidacta conocimientos de construcción, ingeniería y diseño. Su actividad terminó por trascender la relojería: intervino edificios civiles y religiosos y contribuyó decisivamente a transformar la fisonomía urbana de León.
Entre sus trabajos destacan el reloj de la Catedral Basílica, intervenciones en la propia Catedral, la Capilla de San José, el Puente Barón y Morales, la Escuela Modelo, la Casa Madrazo y diversos inmuebles del centro histórico. Su arquitectura combinó elementos neoclásicos, neogóticos, barrocos y mudéjares, dando a sus obras un carácter ecléctico muy particular.
Pero Luis Long fue más que constructor. En su casa, actual Escuela de Música de León, instaló un taller de relojería, una biblioteca y espacios dedicados a la astronomía y la meteorología; incluso realizó observaciones del cometa Halley en 1910.
Murió en León el 9 de abril de 1927. Hoy, sus edificios forman parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad y permiten reconocer en sus calles la huella de un hombre que, sin haber estudiado formalmente arquitectura, terminó convirtiéndose en uno de los grandes constructores de la imagen histórica de León.