Antes de convertirse en una de las grandes capitales de la industria del calzado, León tuvo que atravesar un largo proceso de transformación económica. En ese proceso destaca un personaje fundamental: Julián de Obregón y Gómez Poleo, nacido en León el 17 de febrero de 1788.
Perteneciente a una familia vinculada a la minería, durante su juventud trabajó en las explotaciones familiares de Real del Catorce, donde adquirió experiencia administrativa y conocimientos que posteriormente aplicaría en León. También ocupó cargos públicos, entre ellos el de administrador de Correos y, posteriormente, Jefe Político de León.
Su importancia histórica está relacionada con una preocupación concreta: impulsar el desarrollo de León mediante la incorporación de conocimientos, técnicas y trabajadores especializados.
Hacia 1840, Obregón promovió la llegada de artesanos especializados en actividades como la talabartería, curtiduría, rebocería y herrería. La intención era mejorar los conocimientos técnicos de los artesanos locales y fortalecer una actividad que ya existía en León, pero que comenzaría a adquirir nuevas dimensiones.
Su actividad también alcanzó el ámbito de los servicios públicos. Como autoridad local impulsó mejoras urbanas y destinó recursos propios a obras como el alumbrado público. Incluso promovió la difusión de conocimientos sanitarios, entre ellos un método para la aplicación de la vacuna contra la viruela.
Julián de Obregón murió en 1843, pero su legado quedó vinculado a una etapa decisiva en la historia económica de León.
Su importancia no está en haber creado de la nada la industria del calzado, pues la producción de pieles y calzado ya existía en la ciudad. Su verdadero aporte fue contribuir a la incorporación de conocimientos y especialización que ayudaron a preparar el camino para la posterior industrialización leonesa.
Por eso, su nombre permanece ligado a una de las transformaciones económicas más importantes de la historia de León.