Este capítulo ofrece un retrato real y documentado de cómo era León en los años cuarenta, justo antes de los acontecimientos del 2 de enero de 1946, la mayor tragedia política en la historia moderna de la ciudad. A través del testimonio directo de Don Ramón Gascón, sobreviviente de los hechos, y del análisis histórico de Mariano González Leal, exploramos:
La vida económica de León durante y después de la Segunda Guerra Mundial, cuando México se benefició indirectamente del conflicto debido al racionamiento de productos y al déficit industrial en Estados Unidos (programas de “rationing”, 1942–1945), vacío que León aprovechó con la exportación masiva de calzado hacia la frontera, generando capital, crecimiento local y un ambiente de trabajo constante sostenido por una tradición artesanal que venía desde el siglo XVIII.
El carácter social y religioso de la ciudad, consolidado desde 1864 con la creación de la Diócesis de León (Bula In Universa Gregis Dominici, Pío IX), reforzado por la devoción a la Virgen de la Luz y sus vínculos con los Altos de Jalisco, mientras el lema histórico Labor Omnia Vincit definía a una comunidad acostumbrada a sostenerse por sí misma; las tensiones políticas acumuladas tras la Revolución, cuando los gobiernos federales veían con recelo a León por su tradición conservadora y su autonomía económica, y una memoria colectiva ya marcada por episodios graves como la inundación de 1888 y el Orozcaso de 1914; y el detonante de 1946, cuando el gobierno estatal impulsó como presidente municipal a Ignacio Quiroz sin respaldo popular, frente al apoyo del pueblo a Carlos Obregón, un ciudadano respetado y no político, tensión que llevaría semanas después a la manifestación del 2 de enero de 1946, donde fuerzas policiales abrieron fuego contra la población civil, dejando decenas de muertos, con cifras oficiales y periodísticas que sitúan el rango entre 24 y más de 40 fallecidos.